(IRZA).- Aun cuando el asunto no está debidamente documentado, en este municipio es común la venta de niños recién nacidos y de mujeres jóvenes a hombres adultos, que muchas veces les doblan o triplican la edad.
Estas prácticas se dan en mayor grado en comunidades indígenas. En estos pueblos son los propios padres de jovencitas que han dado a luz, los que las obligan a separarse de sus hijos, vendiéndolos o intercambiándolos por ganado o granos para la manutención de la familia.
En un escenario menos duro, jovencitas de 14 o 15 años son obligadas a contraer matrimonio con hombres adultos que les puedan dar seguridad económica tanto a la desposada como a su familia.
Se dan casos en que estas jóvenes, al paso de un tiempo, son abandonadas por sus parejas, pero ya con uno o dos niños, los que en muchas ocasiones son vendidos a parejas que no pueden procrear y que vienen a las comunidades de otros lugares.
No hay estadísticas sobre este tipo de prácticas, pero las versiones sobre venta de niños y de mujeres jóvenes es aquí cosa de todos los días, por lo que se requiere de programas de instituciones como el DIF-Guerrero, a efecto de evitar que esto siga ocurriendo.