Tener siempre presente que el mundo solo es mundo.
Mirar en dos pedazos partido el corazón,
palpar el horizonte de un loco vagabundo,
buscando una respuesta y queriendo solución.
Soñar por las mañanas vivir el nuevo día,
tomar quizá otra ruta y un poco de valor,
vagar por esas calles de nadie todavía.
Sin ver que es solo un niño que obligan ser mayor.
Sus pasos infantiles no encuentran su destino.
Sí, es mucha rebeldía pero ¿qué puede hacer?
Si desde muy pequeño le han marcado el camino
del que muy pocos seres han sabido volver.
Con sus pequeñas manos de palmas extendidas
y en su mirada triste suplicante y fugaz,
ya no despierta en nadie las bondades perdidas.
Y la culpa de todo le recae al rapaz.
Mirar como la vida lo ataca sin mesura,
pasar indiferentes ante su padecer,
ya no tomar en cuenta su edad, ni su estatura,
y ocuparnos tan solo… ¡De no quererlo ver!