La Secretaría de Cultura, por medio del Museo de Arte Moderno (MAM) y el Museo Mural Diego Rivera, presentará Ia muestra Monstruosismos en dos sedes sucesivas, dos capítulos y dos fascículos, con curaduría a cargo de Ia narradora, ensayista y editora Daniela Tarazona (Mexico, 1975).
En el MAM, Ia muestra está integrada por 64 obras "anormales" o "degradadas" que desafían el patrón común de lo bello, lo verdadero y lo justo. De ellas, 44 pertenecen al acervo permanente del recinto y el resto a colecciones del lnstituto Nacional de Bellas Artes y privadas. Las piezas ofrecen a Ia memoria y a Ia mirada un paseo sembrado de sorpresas por los avatares del monstruo en sus representaciones artísticas, desde un lienzo anónimo del siglo XVIII hasta una fotografía digital del año 2000.
La exposición reúne pintura, escultura, gráfica, fotografía y artes populares de creadores como Lourdes Grobet, Xavier Esqueda, Graciela lturbide, David Alfaro Siqueiros, Julio Ruelas, Leonora Carrington, Francisco Toledo, Germán Venegas, Henri Cartier-Bresson, Rafael Coronel y Manuel Álvarez Bravo. Solo Ia fantasÍa puede engendrar estas visiones perversas o estrafalarias, y Ia imagen, evocarlas, independientemente de sus valores plásticos particulares y del grado de fama de sus autores.
¿Cuándo aparecieron los primeros monstruos en Ia pintura y Ia literatura? Es difícil rastrearlo, dada Ia vastedad de este concepto indisociable de Ia mitología y Ia ficción, y posteriormente de Ia iconografía satánica en el Medioevo.
Desde Ia Grecia antigua, el arte occidental se ha poblado de criaturas escalofriantes destinadas a recordarnos que el mal no es un atributo ajeno a las contradicciones de Ia naturaleza humana y de Ia civilización. En Ia actualidad, bajo el efecto del cine clasificación A, dragones y bestias peludas ya no inspiran el miedo y Ia repugnancia que suscitaban antañoo, despojados de sus connotaciones sobrenaturales e inmorales en Ia sociedad laica.
Monstruosismos se divide en cuatro núcleos temáticos. El primero, Naturaleza, instinto y disfraz, propicia, a través de máscaras rituales y de luchadores, el encuentro con identidades ocultas o da pauta a lo bestial en Ia naturaleza y las culturas populares.
En Metamorfosis: el animal y yo, se observa que toda deformidad es anunciada por un animal; aparecen seres duales, híbridos: Ia cabra serpiente, un gato-pajaro o gemelos, cuyas intersecciones revelan espacios nuevas de significado.
Religión, ritual y purificación aborda Ia manera en Ia que Ia reunión se convierte en un acto atravesado por el sacrificio. Lo monstruoso se ha suspendido del suelo, como si los propios animales se ofrecieran en un rito de purificación.
En el apartado final, El disloque, los cuerpos padecen; hay violencia y dolor; Ia vida se oscurece, y las figuras explotan o se desdibujan, se desmarcan y se fugan. Los cuerpos indican el mundo más allá de sí.