Dicen que recordar es volver a vivir.
Y como acapulqueños de bien, como ciudadanos que amamos a nuestro bello puerto, estoy seguro que quienes nos tocó esa época recordamos con emoción, pero también con nostalgia, la época en que el parque Papagayo -oficialmente llamado Ignacio Manuel Altamirano- se encontraba en todo su esplendor.
Las nuevas generaciones seguramente no lo saben, pero ese espacio considerado el principal, o quizá ya el único pulmón verde de Acapulco, en su época dorada ofrecía a los visitantes una serie de atractivos que eran un verdadero deleite disfrutarlos.
El emocionante teleférico que atravesaba desde el cerrito hasta lo que ahora es la plazoleta a orilla de playa; el impresionante aviario, la cancha de futbol, el cine, los venados, los lagos perfectamente cuidados y llenos de peces y otras especies, los paseos en trenecito, la pista de patinaje, los emocionantes "Go Karts", los riquísimos "Hot dogs" de don Domingo (aún siguen en la parte de afuera en la entrada principal) y tantos otros atractivos que se han ido perdiendo, deteriorando y algunos ya sólo existen en la memoria.
Hoy con tristeza nos enteramos en los medios de comunicación la inconformidad de comerciantes que no los dejan vender y los pobres argumentos y lamentos de los administradores de que no hay recursos para dignificar ese espacio.
Desde nuestra modesta opinión, aún es tiempo de rescatarlo y vuelva a ser, o incluso superar lo que fue en su momento, un centro recreativo orgullo de los acapulqueños, y ello se logrará cuando deje de verse solamente como un negocio generador de recursos para beneficio personal.
El parque es de todos, bien valdría la pena luchar por rescatarlo y convertirlo nuevamente en el punto de encuentro y convivencia de las familias, que ayude a eso que tanto pregonan nuestras autoridades, la reconstrucción del tejido social.
Mientras tanto… ¡Jálalo que es pargo!